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María y los presbíteros

  • Foto del escritor: Provincia Minuto de Dios
    Provincia Minuto de Dios
  • 9 dic 2016
  • 2 Min. de lectura

¿Qué tiene común María con los presbíteros de la Iglesia? Seguramente pensarás que muchas cosas, pero, en concreto, ¿qué? San Juan Eudes nos explica de manera extraordinaria esta semejanza. Dejemos que la siguiente reflexión de san Juan Eudes nos ilumine sobre esta realidad:

"Considera que los sacerdotes tienen una afinidad especial con la santa Madre de Dios. Porque, así como el Padre eterno la hizo partícipe de su divina paternidad al darle el poder de formar en sus benditas entrañas al mismo Hijo que engendra en sí mismo, así comunica a los sacerdotes esta misma paternidad y les da el poder de formar a Jesús en la santa Eucaristía y en el corazón de los fieles.

Como el Hijo de Dios quiso que María cooperara en la redención del mundo, así capacita a sus sacerdotes para que sean sus cooperadores en la obra de la salvación de las almas.

Como el Espíritu Santo asoció a María en la más divina de sus funciones y en su obra maestra, que es el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, así asocia a los sacerdotes para extender y continuar este misterio en cada cristiano, en el cual el Hijo de Dios se encarna en cierta manera por el bautismo y por el sacramento del altar.

Mediante ella el Padre eterno nos ha hecho el don de su Hijo, y también nos lo da por medio de los sacerdotes. Y así como todas las gracias que salen del Corazón de Dios para venir a nosotros pasan por las manos de María, así también llegan a nosotros por medio de los sacerdotes. Como María es la tesorera de la santa Trinidad, también los sacerdotes poseen esta cualidad.

Finalmente así como ella ofreció su Hijo al Padre eterno, en el primero y último instante de la vida de Jesús, cuando bajó a sus entrañas y cuando entregó su espíritu en la cruz, también los sacerdotes lo ofrecen cada día en sacrificio sobre nuestros altares.

En virtud de esta estrecha alianza y afinidad maravillosa de los sacerdotes con la madre del sumo Sacerdote, tienen obligaciones muy particulares de amarla, honrarla, revestirse de sus virtudes, de su espíritu y disposiciones.

Humíllate por encontrarte tan lejos de este ideal y anhela de todo corazón alcanzarlo; ofrécete a María y pídele su ayuda eficaz. Si tienes verdadera devoción a la santa Virgen busca cuidadosamente los medios para honrarla.

Puedes hacerlo de pensamiento, aplicando tu espíritu a la consideración de sus misterios, cualidades, virtudes, acciones, sufrimientos; con actos interiores, reverenciándola como ella merece; alabándola y alegrándote por su grandeza y por lo que Dios ha hecho en ella; con palabras, hablando de sus excelencias y de los medios de servirla; con oraciones vocales, entre las cuales le es muy grato el santo rosario; con obras, ofreciéndole las que tú haces en honor de las suyas; con limosnas corporales o espirituales; con ayunos y otras mortificaciones. Pero el medio más excelente de honrar a la santa Virgen María es la cuidadosa imitación de sus virtudes.

(San Juan Eudes, Memorial de la vida eclesiástica 5, 17, 2-3: O.C. III, 216-218)

 
 
 
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