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Contemplemos a María que espera

  • Foto del escritor: Provincia Minuto de Dios
    Provincia Minuto de Dios
  • 26 nov 2016
  • 2 Min. de lectura

Contemplemos a María que espera

Como Eudistas que somos tenemos el propósito de difundir nuestra espiritualidad, conocida como la espiritualidad del amor, cuyo símbolo visible es el corazón. Por eso, no podemos recurrir a otro santo para explicar la contemplación de María dentro de la piedad cristiana que no sea san Juan Eudes.

En su libro "Vida y Reino de Jesús", publicado en 1637, el presbítero francés dedica en la tercera parte, una sección a la devoción a María. Dejemos que nos explique esta maravillosa devoción:

"La devoción a la Santa Virgen, Madre de Dios, agrada tanto a su Hijo y es tan necesaria y familiar a los verdaderos cristianos que no necesito recomendarla a quienes desean vivir cristianamente como son los destinatarios de este libro, Solo de diré que no podemos separar lo que Dios tan perfectamente ha unido. Jesús y María están tan perfectamente vinculados entre sí que ver a Jesús es ver a María, amar a Jesús es amar a María, tener devoción a Jesús es tenerla a María. Jesús y María son los dos primeros fundamentos de la religión cristiana, las dos fuentes vivas de toda bendición, los dos protagonistas de nuestra devoción y las dos metas que debemos mirar en nuestras acciones y ejercicios."

Maravillosa y actual exhortación a no separar a Jesús y a María, un riesgo en el que no pocas veces nos vemos sumergidos. La devoción a María a veces parece ocupar un lugar secundario en nuestras parroquias o en nuestros encuentros. Frente a esto san Juan Eudes nos exige que no podemos presentar solamente a Jesús o solamente a María, sino que ellos se necesitan mutuamente. Sigamos leyendo un poco más de las palabras del santo francés:

"No es cristiano de verdad quien no tiene devoción a la que es Madre de Jesucristo y de todos los cristianos. De ahí que san Anselmo y san Buenaventura afirmen que no pueden tener parte con Jesucristo los que no son amados de su santa Madre, como tampoco pueden perecer los que ella mira con benevolencia. Y puesto que debemos continuar las virtudes y sentimientos de Jesús, es necesario que continuemos el amor, la piedad, la devoción de Jesús por su santa madre. Él la amó y la honró en forma singularísima al escogerla por Madre, al darse a ella en calidad de Hijo, al tomar de ella un ser y una vida nueva, al crear nexos profundos con ella, al dejarse guiar por ella durante su infancia y su vida oculta y al constituirla soberana del cielo y de la tierra, glorificándola y haciéndola glorificar por el mundo entero."

Que esta exhortación a la que nos invita este santo de la Iglesia: en primer lugar a no separar la devoción de Jesús de la de María y a honrar y amar a María como Jesús la amó, nos permitan vivir este tiempo de preparación a la Navidad con gran alegría, formando y haciendo vivir y reinar a Jesús en el corazón.

 
 
 
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